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Viena y la Casa de Hundertwasser

Es increíble como un edificio de viviendas de carácter social y perteneciente a un gobierno local pueda llegar a trascender fronteras y convertirse en icono de una ciudad.

En Viena, la capital de Austria, legendaria por su legado barroco y su estilo particular de música, se encuentra una construcción que escapa a la lógica asociación que podemos hacer de la ciudad del vals.

Dentro del listado de sitios de interés de Viena, nos encontramos con Hundertwasserhaus, o la Casa de Hundertwasser, apellido del autor de esta particular obra.

Diseñada en 1980, los preceptos que la sustentan son el contacto con la naturaleza, al punto de que se debe integrar en el modelo de construcción y habitar en torno a ella, en comunión.

El diseñador creía que el hombre tiene tres pieles, la que cubre su cuerpo, su ropa y su casa y que las tres tienen que cambiar constantemente o de lo contrario el organismo muere.

Hundertwasserhaus fue ideada para que sus habitantes tuviesen una vida diaria en contacto con la naturaleza, en un sentido amplio, no solo pasar momentos del día al aire libre y en un parque.

Es una obra poco convencional que mezcla diferentes estilos arquitectónicos y elementos de diseño, pequeños baldosines al estilo Gaudí, algunas columnas que no deberían estar allí y que no cumplen la función que se esperaría de ellas y otras que sí, soportando formas curvas, superficies irregulares y relieves estéticos, variedad de materiales y colores y pisos de diferentes alturas.

En los balcones de Hundertwasserhaus no encontraremos las típicas macetas con flores, sino que veremos auténticos árboles de tamaño natural, o enredaderas que crecen y cambian de colores según las estaciones, invadiéndolo todo y transformando el aspecto.

También se creó con la intención de que sus residentes se sintieran libres, creativos y expresaran, abrieran las ventanas y extendieran los brazos y pintaran los muros exteriores.

Imágenes: Primer plano de Hundertwasserhaus / Vista desde las inmediaciones

Parque Natural Despeñaperros

Con la llegada del otoño se abren nuevas posibilidades para recorrer los innumerables Parques Naturales con los que cuenta el territorio español, para visitar algunas zonas que por las altas temperaturas estivales no es recomendable acudir para practicar senderismo o pasar el día en contacto con la naturaleza durante otros meses del año.

Al norte de la provincia de Jaén, en Andalucía, el Parque Natural Despeñaperros es uno de esos lugares que se recomienda evitar en épocas de calor.

Es principalmente un desfiladero, producto de la erosión del río que le da nombre: Despeñaperros y que labró un pasaje natural entre Andalucía y la meseta castellana.

Dentro del Parque Natural se pueden apreciar diferentes paisajes, desde grandes masas de rocas verticales con forma de columnas rectangulares, denominadas Los Órganos, formadas por cuarzo de gran dureza, cañones, cortados y varios saltos de agua, de diversos caudales.

Posiblemente la mas vistosa de las caídas de agua sea la Cascada de la Cimbarra, pero con energías y tiempo suficiente se pueden recorrer otras no tan conocidas y fotografiadas, como el Salto del Fraile y Las Correderas.

Aunque pertenece al Parque, la Cascada de la Cimbarra constituye por si mismo un paraje natural, con un salto de veinte metros de altura, ocasionado por la fuerza del agua en una falla transversal del cauce del río Guarrizas.

Si nos quedamos en las cercanías de esta cascada, se pueden explorar los alrededores, donde se encuentran varias cuevas con importantes testimonios de pintura rupestre del período neolítico, además de abundante vegetación que es utilizada por las aves rapaces para construir sus nidos, entre los que abundan los buitres, las águilas real e imperial.

Una de las ventajas del Parque Natural Despeñaperros es su perfecta señalización, con una gran variedad de senderos, con diferentes niveles de dificultad y diseñados para apreciar distintos aspectos y puntos de interés del Parque.

El sendero denominado Barranco de Valdeazores destaca por los aspectos botánicos del mismo. Su trazado discurre entre un monte mediterráneo, caracterizado por árboles de frutas silvestres y los madroños, ese arbusto típico de flores blancas y frutos llamativos, unas esferas rojo-anaranjadas brillantes, empleados en el sector de la alimentación para preparar mermeladas o incluso licores.

Nunca está de mas decir que, dentro del Parque no se puede recoger ninguna muestra de ninguna especie vegetal, animal o mineral.

El sendero Empedraillo, como su nombre sugiere, es una calzada empedrada. Comienza en la población de Miranda del Rey y se adentra en el Parque. Se cree que tiene origen romano y formaba parte del Camino Real. Es especialmente bonito por el contraste de las piedras con la vegetación que adquiere una policromática tonalidad durante el otoño. Siguiendo por este sendero, se circula junto a alguna pequeña cascada y al pantano del Arroyo del Rey.

El sendero Molino del Batán está circundado por otro tipo de árboles, encinas y eucaliptos y otras especies propias de las zonas de la ribera, ya que transcurre junto al arroyo del Batán. Abundan los alisos y fresnos, la humedad del ambiente promueve la formación de musgo y en un sector de depresión del terreno, en un barranco, se pude apreciar un viejo molino en ruinas de origen árabe.

Si se prefiere hacer un corto paseo por el Parque Natural Despeñaperros e instalar la cesta del picnic sin caminar demasiado, el sendero Río de la Campana es ideal. Hay un área recreativa llamada La Aliseda acondicionada para tal fin.

Además de senderismo, para quienes gustan de montar en bicicleta, disponen de algunos recorridos.

Mientras dure la estancia en el parque, es muy posible que se puedan ver especies animales tales como gatos monteses, ginetas o gatos almizcleros, ciervos y jabalíes. Dicen que es uno de los último lugares donde habita el lince y el lobo. Habrá que caminar con los ojos bien abiertos.

Imágenes: Cascada de la Cimbarra/ Formación rocosa en el Parque Natural Despeñaperros

Islas griegas: Samos

Otra que forma parte del archipiélago denominado Islas del Egeo Norte es Samos.

La isla de Samos está muy próxima al continente asiático, apenas dos kilómetros la separan de Turquía, por esa razón es una puerta de acceso a Grecia desde el extranjero, tanto por mar, como por aire, porque tiene aeropuerto y recibe turismo de todas partes.

Esta isla griega tiene un considerable tamaño, la estancia puede tener una duración mayor si nos atrapa con su encanto y nos sentimos con espíritu para alquilar un coche y recorrerla.

Con una geografía montañosa, tiene valles y costas escarpadas en las que se han formado diferentes calas, muchas por descubrir y en las que poder estar solo frente al Mar Egeo.

Las playas son un reclamo importante por la variedad, que como he dicho van desde las desérticas y solitarias, a las que tienen instalaciones con todas las comodidades, para disfrutar con una copa en la mano desde la tumbona.

También hay servicio de barcos que te trasladan a pequeñas islas desiertas frente a Samos.

La cantidad de restos arqueológicos son muchos, diseminados por todas partes y también enmarcados en un par de muy buenos museos, con una colección abundante y variada de objetos, desde cerámica prehistórica, figuras de terracota hasta de madera y bronce.

Samos cuenta con pueblitos típicos griegos, tradicionales, pero también algunos de mayor tamaño, animados, con mucha vida nocturna, bares y pubs, restaurantes para disfrutar de la gastronomía local o de una copa después de un día de playa o de excursión.

La isla tiene su cuota de mitología, ya que fue la cuna del matemático Pitágoras y de la diosa Hera, quien fue esposa de Zeus, lo que nos da una excusa mas para recorrerla en busca de inspiración.

Imágen: vistas de la playa desde uno de los varios monasterios que hay en la isla.

Perderse en el desierto de Las Bardenas Reales

Para algunos, la mejor forma de desconectar de todo, es sumergirse en una ciudad abarrotada de trafico y con una gran variedad de museos, espectáculos culturales y de ocio.

Para otros, no hay nada como perderse en la naturaleza, adentrarse en los bosques o sentir la inmensidad del planeta situándose en medio de un desierto.

España cuenta con una serie de Parques Naturales que nos permiten cumplir nuestro sueño de evadirnos del mundo.

En la Comunidad Foral de Navarra, en una depresión del Valle del Ebro se ha desarrollado a través de los siglos un paisaje singular denominado Las Bardenas Reales.

Escenario de rodaje de muchas escenas de la cinematografía mundial y de anuncios publicitarios, sus características geográficas son únicas, con paisajes desérticos y agrestes.

El clima y el suelo han contribuido a su aspecto, ya que predominan las tierras arcillosas o areniscas, fácilmente erosionables, máxime si a este aspecto le sumamos que las precipitaciones no son regulares, pero si con una fuerza e intensidad arrasadora, la mayoría de las veces, el chaparrón no supera la hora de duración.

El agua no penetra en la tierra, con lo cual se forman corrientes que todo lo arrastran, el suelo no absorbe el líquido elemento y la escasa vegetación no puede aprovechar sus propiedades.

De las casi cuarenta mil hectáreas que componen Las Bardenas Reales, existen zonas arboladas, pero en general el terreno es bastante yermo.

Este Parque fue catalogado como Reserva de la Biosfera y en él habitan especies de gran valor de flora y fauna, una rica variedad de caracoles, cangrejos y reptiles. En cuanto a las aves, muchas tienen su hogar allí, pero muchas otras son de carácter migratorio.

En el Centro de Información y Acogida de Visitantes del Parque Natural de Las Bardenas Reales podrán recibir los datos necesarios para disfrutar de todas las posibilidades que tiene esta maravilla natural, para realizar rutas en diferentes medios, tanto a pie, como en bicicleta de montaña o en todoterreno, siempre limitadas a las zonas que menos modifiquen el entorno.

Imagen: Parque Natural de Bardenas Reales