Unas de las mejores vistas del Océano Atlántico en Bretaña, las tenemos en el Cabo Fréhel, o Cabo Frec’hel, si lo decimos en bretón, y una de las razones, además de la belleza propia del mar, son sus espectaculares acantilados, con una altura de casi setenta metros y que constituyen parte de la denominada costa esmeralda.
La zona no es solo la favorita de los humanos amantes de la costa, también las aves acampan a sus anchas, constituyendo una gran reserva ornitológica.
Es un lugar espectacular para ver especies de aves marinas, algunas comunes como las gaviotas y otras no tanto, como el alca, con su pecho blanco y su cabeza y alas negras, que mas parece un pingüino, pero que es ave voladora originaria del hemisferio norte.
Desde el Faro de Fréhel, el moderno, construido en el año 1950 y con una altura de treinta y tres metros y una escalinata con ciento cuarenta peldaños, se tiene una panorámica amplia del Canal de la Mancha.
Es una buena oportunidad de ingresar en las entrañas de un faro, ya que son pocas las instalaciones que permiten el acceso y las vistas compensan la cantidad de escalones o la espera para entrar, pero es importante advertir que no está permitido la visita a la zona técnica, ni ver los mecanismos de funcionamiento.
En el Cabo Fréhel la vegetación es agreste, llena de brezos que acompañan al caminante a través de senderos junto al mar, hasta llegar al antiguo faro, que como todas las construcciones de otras épocas aportan la cuota de misterio a un paraje solitario y deshabitado.
Si a la riqueza natural le agregamos un entorno con vestigios histórico, tenemos una combinación perfecta para una excursión completa.
En el otro extremo del Cabo de Fréhel se encuentra un antiguo castillo, Fort La Latte.
Imágenes: El Cabo Fréhel / Faro Fréhel




