El Coliseo Romano
El Coliseo Romano, junto con el Vaticano, son las principales atracciones turísticas de la ciudad de Roma y reciben millones de turistas al año.
Tal vez el Coliseo incrementara el número de visitas desde que, en julio de 2007 fuera votado mundialmente como una de las Nuevas Siete Maravillas del Mundo.
A diferencia de los primeros anfiteatros construidos en el transcurso de la historia de la humanidad, cuyo emplazamiento se realizaba en las colinas para que éstas hicieran de muros, el Coliseo de Roma es una estructura que se sostiene por si misma, con forma ovalada y que mide aproximadamente 189 metros de largo, 156 metros de ancho y 48 metros en su parte más alta.
El prefijo anfi significa “alrededor”, lo que implica que los espectadores puedan sentarse alrededor de la arena para asistir a eventos deportivos, por ejemplo y donde no era tan importante la acústica, como en el caso de los teatros.
La maestría de los arquitectos romanos fue tal que, la visibilidad era perfecta desde cualquier punto.
Las gradas comenzaban a cuatro metros sobre el nivel de la pista, con una plataforma o podium protegido por barandas y sobre él se alineaban los asientos, el público de mayor categoría se colocaba abajo y hacia arriba, de manera escalonada, el público ordinario.
Las mejores ubicaciones eran las que estaban encima del podium, en especial los dos palcos ubicados en cada extremo del eje menor del óvalo: al norte el palco del emperador y su familia y al sur el palco del prefecto de la ciudad y los magistrados.
Muchos son los mitos y las leyendas que rondan las antiguas paredes de piedra que aún se mantienen en pie, como una que dice que el Coliseo tenía un techo de lona para proteger a espectadores y gladiadores del sol. Cuando se aprecia el tamaño de la construcción nos parecerá bastante improbable que fuera verdad, increíble que tal superficie pudiera ser cubierta, pero en el último piso, se pueden ver unas molduras de apoyo que servían para sujetar los mástiles a los que se ataba el toldo y en el pavimento también hay restos de unos anclajes utilizados como sistemas de poleas para izarlo.
Se estima que ese mismo mecanismo era utilizado para los espectáculos nocturnos, en los que se colocaba un gran candelabro sobre la “pista”.
Quienes visiten el Coliseo de Roma deben saber que no queda nada del pavimento de la pista, desde los puntos en que está permitido el acceso se podrá apreciar el laberinto de celdas y pasadizos por donde transitaban bestias y hombres.
A nivel del suelo, a la derecha se encuentra la puerta principal del edificio o “Porta Triunphalis” y a la izquierda la puerta por donde se desalojaban las víctimas o “Porta Libitinaria”.
Hace algunos años se emprendió una nueva restauración, cuya primera parte finalizó el marzo de 2011 y que permite acceder al tercer nivel de las gradas, consiguiendo la contemplación de la obra desde una perspectiva única, completa y casi total del monumento, disfrutando de una vista extraordinaria sobre el interior del Coliseo y de toda la ciudad de Roma.
Entrar al anillo superior del Coliseo es fundamental para entender la relación entre el Coliseo, las otras obras de la Roma imperial y la red urbana.
El otro espacio habilitado en el nivel subterráneo incluye la “Porta Libitinaria”. El descenso en el hipogeo permite conocer los espacios que ocupaban temporalmente los animales salvajes y los gladiadores mientras se preparaban para la lucha antes de entrar a la arena.
La entrada al tercer anillo y al hipogeo se permite sólo a grupos acompañados por un guía autorizado.
Imagen: El Coliseo Romano



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