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La costa Jurásica, un patrimonio natural en Europa

Europa es el continente con mayor número de Patrimonios de la Humanidad, título que da la organización UNESCO a diferentes lugares ya sea por su importancia cultural o por su importancia natural. Lugares únicos que te cuentan algo más acerca de la historia y que son necesarios si se quiere conocer un poco más acerca de nuestro pasado.

A pesar de que Europa tenga una gran cantidad de Patrimonios de la Humanidad, la mayoría de estos son considerados Patrimonio Cultural, es decir, construcciones humanas que, de una manera u otra, reflejan los cambios culturales en una zona. Lamentablemente, el número de Patrimonios Naturales es mucho menor, pero, a pesar de ello, hay unos cuantos interesantes.

Uno de ellos es la Costa Jurásica. Se trata de una serie de acantilados construidos durante miles de años gracias a la erosión de las olas del mar que se extiende a lo largo de más de 150 kilómetros del el sur de Inglaterra.

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Étretat y sus acantilados

Un paisaje sorprendente que nos regala el mar con su movimiento y que nos descubre por su cambios de marea son algunas playas entre las rocas de los acantilados.

En España, en la Provincia de Lugo y gracias al trabajo del Mar Cantábrico contamos con la Playa de las Catedrales.

En Francia, un panorama similar lo encontramos en la Región Alta Normandía, en el Departamento Sena Marítimo, en la denominada Costa del Alabastro, que se encuentra bañada por el Océano Atlántico.

Étretat es un típico pueblecito, pequeño, recogido, que ha sabido mantener su carácter rural y su personalidad a pesar de la cantidad de turistas que lo visitan como punto de partida para realizar diferentes actividades relacionadas con el descubrimiento de los impresionantes acantilados.

La amable atención, la conservación de los edificios, todo el entorno de Étretat invita a una caminata antes de partir hacia los atractivos de la naturaleza, o cuando regresemos maravillados de tanta luz y color.

Un recorrido por sus calles nos volverá indecisos a la hora de seleccionar un sitio para descansar y degustar su gastronomía al finalizar la jornada.

Muy recomendable es dar un paseo por el antiguo mercado, construido de madera y en el podemos encontrar variedad de tiendas de souvenirs, pero mas allá de los artículos destinados a los turistas, el edificio realmente es magnífico.

En cuanto a los acantilados de Étretat, estas formaciones rocosas, de color mas blanquecino que las que encontramos en España, contrastan a las mil maravillas con el verde de la vegetación y el profundo color del mar.

El mas espectacular es el que tiene un arco natural al que llaman popularmente “El ojo de aguja”: El acantilado de Aval o La Porte d’Aval.

También es imprescindible una caminata por la playa junto al Acantilado de Amont, el de mayor blancura y el de mayor visibilidad a gran distancia desde alta mar.

A la derecha, en el extremo de la playa, se encuentra la Aguja de Belva, una roca que durante poco tiempo mas se mantendrá en pie, ya que su base está muy erosionada.

Esta zona fue refugio de artistas de renombre, que se asentaron temporalmente para captar la belleza del lugar y plasmarla en sus obras. Pintores y escritores se inspiraron y muchos influyeron en la visión de los demás, buscando formas en las rocas y dotándolas de similitudes que no siempre se pueden apreciar.

Deberemos observarlas con nuestros propios ojos y comprobarlo.

Imágenes: Étretat / “El ojo de aguja”: El acantilado de Aval o La Porte d’Aval.

Cantabria: San Vicente de la Barquera

La Comunidad Autonómica de Cantabria posee una belleza salvaje y sin igual.

Ubicada al norte del territorio español, limitando con el País Vasco, con Castilla y León y con el Principado de Asturias, toda su costa está bañada por el mar Cantábrico.

La naturaleza le ha concedido infinidad de colores, el azul profundo del mar, la mezcla de tonos cuando desembocan las caudalosas rías, el verde de los frondosos bosques, el gris de las rocas, que se tornan en blancos picos en invierno.

La región donde se extiende la comunidad ha sido llamada cornisa Cantábrica, que comprende los suelos que van desde el mar hasta la cordillera.

Realmente es una ventana al mar, si nos situamos en los picos montañosos, hacia un lado se perderá nuestra vista en el agua y hacia otro, el terreno se elevará hasta llegar a convertirse en los denominados “Picos de Europa”.

Con pueblos de ensueño, hoy nos detendremos en San Vicente de la Barquera, pequeña población a sesenta y pocos kilómetros de la principal población de Cantabria: Santander.

San Vicente de la Barquera es una típica villa de influencia marinera, construida en la desembocadura de dos importantes rías: Rubín y Pombo.

Con un inconfundible puente de diseño romano, tiene mucha historia en cada piedra de sus calles y edificios.

En lo alto dominan un antiguo castillo y una iglesia, pero es difícil centrar la mirada en el patrimonio monumental ante la majestuosidad de la naturaleza.

El pueblo está enmarcado dentro del Parque Nacional de Oyambre, zona de gran valor y biodiversidad, que engloba montañas con acantilados, extensas playas de abundante arena, con la que se forman hermosas dunas, ademas de los contornos sinuosos que dibujan las rías mientras recorren el terreno hasta llegar al mar, creando marismas multicolores.

San Vicente de la Barquera es un sitio ideal para la observación de aves, aunque los bosques de los alrededores albergan una fauna de lo mas variada, la estrella del lugar son los pájaros.

La creación del Parque Natural de Oyambre en el año1988 ha sido un reto para proteger un área de gran diversidad, una oportunidad para estudiar los efectos de las acciones humanas, en un sitio de gran riqueza no solo paisajística, sino en lo concerniente a la flora y la fauna. Es un ecosistema que lo tiene todo: montes, bosques, praderas y las distintas formaciones que el agua concede con sus movimientos de mareas y caudales que bajan desde las montañas.

Desde el Faro Punta de la Silla, que funciona como Centro de Interpretación del Parque Natural de Oyambre, se tienen las mejores vistas, se puede admirar la costa en todo su esplendor y las diferentes playas, calificadas con la bandera azul “Q de Calidad”.

Hay para todos los gustos, desde calas recogidas e íntimas, hasta la turística y bulliciosa, como por ejemplo la playa “El Tostadero”, con abundantes dunas para recostarse y tostarse al sol, aunque también es lugar de encuentro para los deportistas náuticos.

La playa por excelencia es Merón, la mas extensa, con el mayor oleaje debido a que se encuentra a mar abierto.

Pero volviendo al pueblo, decir que el Castillo del Rey de San Vicente es una edificación espectacular del año 1210, digno ejemplo de arquitectura defensiva. Se estima que sus cimientos datan de mucho antes de la ejecución de la obra por orden de Alfonso VIII, pero en la actualidad y después de su rehabilitación, se puede visitar y disfrutar de eventos culturales, para los habitantes de los alrededores y de exposiciones permanentes para los visitantes, para que puedan conocer a través de piezas y documentos auténticos, la historia de San Vicente de la Barquera y de la región.

Imagenes: vistas del puente romano / la ria en San Vicente de la Barquera