El vino de Madeira

El vino de Madeira, famoso en todo el mundo, tiene un sabor distintivo que le otorga un proceso único, descubierto por casualidad y perfeccionado con el mayor de los cuidados.

El rico suelo volcánico, el buen clima y la variedad de cepas llegadas de muchos puntos del planeta, que se adaptaron a la perfección, constituyen una materia prima excelente. Se producía una cantidad importante que permitía la exportación.

Desde la isla partían barcos hacia el nuevo y el viejo continente. El movimiento, ese constante balanceo de las olas, las brisas marinas y el calor que soportaban los barriles en las bodegas de los barcos hizo que se desarrollaran diferentes sabores en el vino, que adquirió un sabor más fuerte.

El paso por el ecuador calentaba el vino como una sauna y aceleraban el proceso de maduración. Su sabor único se lo concedía los largos viajes que debía sufrir para llegar a destino.

Ese fue el secreto de su fabricación hasta 1794, cuando se inició la aplicación de la ciencia a este proceso. Comenzaron a experimentar con diferentes técnicas, como el llamado “sauna caliente”, en el que se calentaba el vino durante 3 meses a una temperatura de 50ºC, hasta encontrar el punto exacto de maduración y sabor.

En la actualidad los tanques son acero inoxidable calefaccionados, además se utiliza otro método tradicional llamado “Canteiros” que consiste en almacenar el vino en barriles durante un periodo que puede ir desde los veinte hasta los cien años, con calor natural que produce el añejamiento.

Gracias a los piratas, durante el siglo XVII el vino de Madeira se hizo conocido en el mundo entero, sin querer contribuyeron a su distribución.

En 1661 Carlos II, rey de Inglaterra, obtuvo el permiso de distribuir el vino por todas las colonias británicas gracias a su matrimonio con la hija del rey de Portugal. Así llegó a los puertos de África, India y América.

En el siglo XVII se enviaba regularmente a Boston, Baltimore, Filadelfia y Nueva York, a pedido de personajes como Benjamín Franklin o el presidente de Estados Unidos, George Washington.

Durante el siglo XVIII la industria del vino en Madeira era propiedad de ingleses afincados o nacidos en la isla, hasta que una plaga destruyó el noventa por ciento de los cultivos y la mayoría abandonaron el negocio.

A inicios del siglo XX se comenzaron a recuperar gradualmente los cultivos. En 1979 se fundó el “lnstituto do Vinho da Madeira” que dirige y controla toda la producción, desde la siembra, la fermentación, embotellado y concede el sello oficial de calidad.

Imagen: vino en Madeira

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